LA PRÓXIMA REVOLUCIÓN VIENE DESDE EL CAMPO
Jeremy Rifkin
Las empresas de
ciencias de la vida –Monsanto, Syngenta, Bayer, Pioneer, etc.– sostuvieron
durante años que los alimentos genéticamente modificados (GM) eran la siguiente
gran revolución científica y tecnológica en el campo de la agricultura, así como
la única forma barata y eficiente de alimentar a la creciente población de un
mundo que se reduce.
Se pintó a las organizaciones no gubernamentales (ONG), entre ellas la mía, la
Fundación de Tendencias Económicas, como las villanas de ese drama agrícola, se
las acusó de obstruir el avance científico y tecnológico debido a su oposición a
los alimentos GM.
En lo que constituye una vuelta de tuerca irónica, ahora hay nuevas tecnologías
que hacen que la unión de genes y las plantas transgénicas pasen a ser obsoletas
y se conviertan en un serio impedimento para el progreso científico.
La nueva frontera se llama genómica y la nueva tecnología agrícola recibe el
nombre de Selección Asistida por Marcadores (SAM). La nueva tecnología ofrece un
método nuevo y sofisticado de aceleración del desarrollo clásico. Un creciente
número de científicos considera que la SAM –que ya se está incorporando al
mercado– terminará por reemplazar a los alimentos GM.
Los científicos mapean y secuencian el genoma de las principales especies
vegetales y utilizan lo que descubren en la creación de una nueva forma de hacer
avanzar la tecnología agrícola. En lugar de usar las técnicas de unión molecular
para transferir un gen de una especie no emparentada al genoma de una planta
alimenticia de modo tal de aumentar su rendimiento, la resistencia a las pestes
o mejorar su nivel nutritivo, los científicos utilizan ahora la Selección
Asistida por Marcadores para detectar características deseadas en otras
variedades, o en especies emparentadas silvestres de una planta alimenticia
específica. Luego cruzan esas plantas con las variedades comerciales existentes
a los efectos de lograr un mejoramiento. Con la SAM, el desarrollo de nuevas
variedades permanece siempre dentro de una especie, lo que reduce mucho el
riesgo de daño ecológico y de posibles efectos nocivos para la salud que suele
asociarse a las plantas GM.
Un creciente número de los investigadores que trabajan en laboratorios
comerciales o en los sectores gubernamental o académico optan por la SAM como
alternativa a la tecnología de unión de genes en el desarrollo y ampliación de
las plantas alimenticias existentes.
Por medio de la SAM, los investigadores holandeses desarrollaron una nueva
variedad de lechuga resistente a un áfido que provoca un crecimiento reducido y
anormal en los campos de lechuga de California y Europa. Los investigadores del
Departamento de Agricultura de los Estados Unidos utilizaron la SAM para
desarrollar una variedad de arroz de exterior suave pero que tiene un interior
que permanece firme luego del procesamiento. Científicos de Gran Bretaña e India
usaron la SAM para desarrollar un mijo perlado tolerante a la sequía y
resistente al moho. La planta se introdujo en el mercado indio en 2005. Hasta
Syngenta, una de las principales empresas agrarias del mundo, empezó a alejarse
de la tecnología GM y a prestar más atención a la SAM. Los investigadores de
Syngenta desarrollaron una variedad de trigo con mayor resistencia a la
fusariosis. Wally Beversdorf, ex vicepresidente de investigación vegetal de
Syngenta, admitió que, si bien la empresa sigue utilizando la tecnología GM, en
la actualidad "la selección asistida por marcadores es la primera opción" de la
compañía.
Mientras la SAM emerge como una tecnología agrícola nueva, prometedora y de
amplia aplicación, los límites de la tecnología transgénica se hacen cada vez
más evidentes. La mayor parte de las plantas transgénicas que se introdujeron en
el campo manifiesta sólo dos características: resistencia a las pestes y
compatibilidad con herbicidas, y se basa en la expresión de un solo gen, lo cual
dista de ser la arrolladora revolución agrícola que habían anunciado las
empresas de ciencias de la vida al comienzo de la era de los organismos
genéticamente modificados (OGM).
La SAM se encuentra en las primeras etapas de desarrollo, pero tiene grandes
posibilidades como alternativa a las plantas genéticamente
modificadas mediante la utilización de la unión de genes dentro de y entre
especies. Los investigadores hacen hincapié en que todavía queda mucho por hacer
en lo que respecta a entender la coreografía, por ejemplo, entre marcadores
genéticos individuales y factores ecológicos y grupos genéticos complejos, todo
lo cual afecta el desarrollo de la planta.
Los científicos no lograrán avanzar mucho en lo relativo a características como
el rendimiento intrínseco y la tolerancia a la sequía, que tienen gran
importancia en la agricultura, hasta que no superen las barreras que
obstaculizan el trabajo con grupos de genes.
Pero también hay que advertir que la SAM tiene valor en la medida en que se la
use como parte de una estrategia agroecológica más amplia, que integre la
introducción de nuevas plantas con la debida atención a los demás factores que
determinan la sustentabilidad de la agricultura.
J. Rifkin es un conocido economista. Publicado en Clarín (Buenos Aires), 2 de julio 2006. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines educativos. Copyright Clarín y Jeremy Rifkin, 2006. Traducción de Joaquín Ibarburu.
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